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Ecosistemas
de Doñana
SISTEMA EÓLICO

El sistema eólico ocupa en Doñana una superficie aproximada de 23.000 ha. Está formado por arena procedente del mar, adonde llegó arrastrada por corrientes de deriva litoral paralelas a la línea de costa, y desde donde se extendió hacia el interior transportada por el viento.

El agua de lluvia, filtrada por la arena, constituye un acuífero. La profundidad a que se encuentra la parte superior de este acuífero (capa freática) oscila cíclicamente. En invierno la distancia a la superficie es mínima, llegando incluso a aflorar en cuanto hay una pequeña depresión del terreno. Se forman así lagunas freáticas que pueden ser más o menos temporales o permanentes. En verano la capa freática se aleja de la superficie, por lo que la mayor parte de estas lagunas se secan, permaneciendo solo aquellas cuyo vaso lagunar es más hondo. Estas variaciones tienen, por supuesto, una gran importancia ecológica.

El sistema eólico se subdivide en:

La Playa de Doñana, desde el noroeste de Matalascañas hasta la desembocadura del Guadalquivir, tiene alrededor de 30 km de longitud, y una anchura entre 100 y 300 m. En la banda de contacto entre el agua y las dunas se asienta una comunidad de plantas pioneras adaptadas a un medio cambiante.

Hacia el noroeste, desde Matalascañas a Huelva, la anchura de la playa es mucho menor. En la primera parte (frente a una zona de dunas fósiles denominada “el Asperillo”), durante la pleamar, el agua llega hasta el mismo pie del acantilado de arenisca, haciendo prácticamente desaparecer la playa propiamente dicha.

Las mareas en Doñana son grandes, descubriéndose durante la bajamar una ancha franja de playa, que es visitada por un buen número de especies de aves, las cuales se alimentan de la pequeña fauna marina que queda al descubierto.

La playa del Parque Nacional continúa hacia el interior con un sistema dunar que es de los mejor conservados y más extensos de Europa. Presenta hasta cinco frentes dunares con sus valles interdunares, denominados en Doñana “corrales”. En las dunas que se empiezan a formar (dunas embrionarias) la vegetación está dominada por el Barrón (Ammophila arenaria), que es una planta adaptada a vivir en un sustrato que realmente se mueve, incluso de forma llamativa en algunos lugares. Los corrales están ocupados por un matorral en el que predominan la Artemisia crithmifolia y la Camarina (Corema album).

Una de las plantas más características del ecosistema dunar, sobre todo en su parte más meridional, es el Enebro (Juniperus oxycedrus Subespecie macrocarpa). Los enebrales costeros de Doñana son los más importantes de Europa. Ocupan buena parte de los “navazos”, que son antiguos valles interdunares. También se encuentran en zonas de dunas muy vivas. Este árbol tiene la capacidad de “trepar” por la duna cuando esta avanza, echando raíces en el tronco, cada vez más arriba, con lo que evita quedar sepultado por ella. En la zona del Inglesillo, en la finca “Marismillas”, se encuentran los enebros mayores. Tienen troncos retorcidos y muy dañados por la acción del viento, que los azota, casi siempre por el mismo lado, con la arena que arrastra. Cuando la duna avanza y se ubican en su “cola”, las raíces que fueron echando quedan al descubierto, dándoles en ocasiones un aspecto insólito (Figura 2). Junto a los grandes y viejos ejemplares hay también abundantes enebros jóvenes, que se ven prosperar de año en año. En el pasado, el bosque de enebros estaba mucho más extendido y llegó a fijar las dunas, que volvieron a movilizarse cuando fue talado. El enebral es sustituido, hacia el interior, por Sabinar (Juniperus phoenicea Subespecie turbinata).

Aspecto actual del viejo enebro del  Inglesillo....
Figura 2. Viejo Enebro (Juniperus oxycedrus) ubicado en la cola de la duna del Inglesillo, mostrando su adaptación al movimiento de la arena (que le hace trepar por la duna según esta va creciendo), y el daño producido por la acción del viento cargado de arena al azotarlo de forma continuada por la cara que da al suroeste.

Las zonas entre dunas (corrales) han sido ocupadas por pinares (de Pinus pinea), especie datada en los registros fósiles en Doñana, por lo que se especula que pudo estar presente hace 10.000 años. Debió de ir desapareciendo, ya que no es mencionada en los inventarios forestales del siglo XVII. En Marismillas se empieza a repoblar en 1737, generalizándose posteriormente su plantación en toda el área del actual Parque Nacional.

Al contrario que los enebros, los pinos de los corrales no están adaptados a evitar que las grandes dunas, en su dinámica de avance, los sepulten (Figura 3).

Vista de la duna del Inglesillo sepultando los pinos a sotavento....
Figura 3. Frente dunar de la duna del Inglesillo. Los pinos del corral que está delante van siendo sepultados por el avance de la arena. Pueden verse las ramas secas de un pino que va quedando enterrado.

Tras el paso del frente dunar sus restos esqueléticos quedan al descubierto, apareciendo los denominados “campo de cruces”, formaciones realmente curiosas que en ocasiones llegan a constituir en la cola de estas grandes dunas bosques de troncos, modelados de una manera extraña por el efecto de la erosión tan especial que han sufrido: la producida por la arena, que los ha mantenido cubiertos por completo durante decenas de años. A veces constituyen verdaderas esculturas naturales abstractas de gran belleza (fueron objeto de una interesante exposición fotográfica, que tuvo un fuerte impacto artístico en varias ciudades europeas, y de la edición de un libro: Camacho y González Faraco, 1994).

En contraposición a la denominación “Dunas móviles”, el Matorral con arbolado recibe el nombre de “Manto eólico estabilizado”. Tradicionalmente se le ha llamado zona de “Cotos” y, a veces, sencillamente “Monte”.

Los Cotos constituyen un sistema extenso de dunas prácticamente fijadas por la vegetación, ampliamente distribuido a lo largo de toda la región costera onubense. Las comunidades vegetales que se asientan en esta formación están condicionadas por la disponibilidad de agua, que a su vez depende de la profundidad del acuífero. Así, en este ecosistema se encuentran plantas que prácticamente solo reciben agua cuando llueve, junto a otras que tienen un sistema radicular extenso que les permite alcanzar el acuífero.

En Doñana el monte o matorral se inicia en el borde de las dunas móviles, y se extiende hacia el interior, en dirección oeste-este, con una anchura máxima de alrededor de 11 km (esta es la distancia aproximada que hay entre el norte de Matalascañas y la marisma). La anchura de este ecosistema disminuye hacia el sur, llegando a desaparecer a la altura del Cerro de los Ánsares, una duna viva cuyo frente cae directamente en la marisma. Al sur de esta duna vuelve a aparecer con una anchura de entre 2 y 4 km, constituyendo aquí, prácticamente, un bosque de Pinos, Sabinas y Palmito (Chamaerops humilis), con un sotobosque de matorral de diversas especies.

La ondulación del terreno, característica del sistema dunar, da lugar a zonas cuya superficie se encuentra a distinta distancia de la capa freática, lo que se refleja muy claramente en la vegetación. Así, las partes bajas están ocupadas por un matorral higrofítico, cuyas raíces alcanzan el agua en toda época ("monte negro"), mientras que en las crestas de las ondulaciones crece una vegetación mucho menos necesitada de agua, más xérica ("monte blanco"). Las denominaciones atienden, obviamente, al color más oscuro y más claro de la vegetación.

El “monte negro” está dominado por especies de Brezos y Escobas (Calluna vulgaris y Erica sp.), Tojos (Ulex sp.) y Zarza (Rubus ulmifolius), entre otras. En el “monte blanco” abundan especies de Cistáceas, con dominio sobre todo del Jaguarzo (Halimium halimifolium), pero también con Romero (Rosmarinus officinalis), Jara (Cistus salvifolius) y otras especies.

Entre esta vegetación de matorral aparecen también árboles. Solo los Pinos (Pinus pinea) y las Sabinas (Juniperus phoenicea) forman bosques de relativa extensión. Las demás especies de árboles de Doñana solo llegan a formar pequeños grupos o aparecen como especímenes aislados. Los árboles más característicos son el Alcornoque (Quercus suber), el Acebuche u Olivo Silvestre (Olea europaea), el Madroño (Arbutus unedo), el Piruétano o Peral Silvestre (Pyrus bourgaeana), el Fresno (Fraxinus angustifolia), el Álamo Blanco (Populus alba) y el Sauce (Salix atrocinera).

Mención aparte merecen los Eucaliptos (Eucaliptos sp.), un género oriundo de Australia, muchas de cuyas especies se empezaron a introducir en España hacia principios del siglo XX. Doñana estuvo a punto de transformarse en un enorme eucaliptal en las décadas de 1940-50, cuando España estaba necesitada de madera y se realizaron por todo el país repoblaciones masivas con este y otros árboles de crecimiento rápido. Actualmente el eucalipto se está erradicando del Parque Nacional, donde es una especie muy mal vista, debido, entre otras razones, a su gran apetencia por el agua, que parece haber llevado a la desecación a algunas lagunas ubicadas en el interior de áreas repobladas con él, y porque colabora sin duda en el descenso de la capa freática.

En medio de este ecosistema aparecen lagunas freáticas. Las más importantes y duraderas del Parque Nacional son peridunares, llegando a ser prácticamente permanentes algunas de ellas (Santa Olalla y Dulce), mientras que otras hace ya tiempo que son más o menos temporales (Zahíllo, Charco del Toro, Taraje, etc). En el norte del Parque Nacional, y fuera de él, la zona de lagunas incluidas en este ecosistema se hace más amplia (ver la Figura 1), siendo también algunas de ellas permanentes.

Debido a la climatología, que en Doñana determina el fenómeno de la inundación/sequía, en los claros del monte, junto a las lagunas y en el borde de la marisma abunda la vegetación de pastizal, que es la más consumida por los herbívoros, por lo que colabora de forma muy notable al aumento de la biodiversidad.

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